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Las mujeres paren tal como viven… Historia de un parto precipitado

Hace unas semanas  leí una frase  que me quedó dando vueltas en la cabeza: “Las mujeres paren tal cómo viven”

Los que me conocen en la vida real, saben que vivo siempre de afán, que soy impaciente, que soy muy eficiente, práctica en extremo, y que decido las cosas en tiempo récord.

Bueno, resulta que parí de la misma manera, tuve algo que se llama parto precipitado, no al punto de  de parir en un ascensor, porque gracias a mi ignorancia de aquella época a mis 39 semanas se disponían a hacer una inducción de mi parto, cuando sucedió la locura que les voy a contar…

Mi ginecólogo se iba de viaje y yo parecía un globo a punto de estallar; mi médico me dijo que ante su inminente viaje tenía dos opciones 1. Esperar y su colega me atendía el parto cuando el bebé decidiera nacer 2. Inducir el parto, con mi personalidad afanada y práctica pensé : si el bebé ya está listo, ¿Para que vamos a esperar? Además que no quería que me atendiera el parto un extraño, así que la decisión estaba tomada.

Me citaron para el Lunes de la siguiente semana a las 2.00 pm, los 2 CMS de dilatación que me acompañaban las últimas dos semanas seguían intactos, con mi consentimiento me colocó un cuarto de una pastilla de Prostaglandina en el cuello del útero primer paso para la inducción y me hospitalizaron, tarde de relax, no me dolía una muela e ilusa yo llegué a pensar: “esto no es tan difícil como me lo imaginaba” a las 7.30 PM volvió mi ginecólogo, todo seguía igual…Siguiendo su protocolo me colocó media pastilla del mismo medicamento y nos dijo: “Hagan de cuenta que están en un hotel, Luza tus contracciones deben empezar antes del amanecer, descansen que mañana es un día largo y emocionante, mañana nacerá el bebé” pues todo equivocado porque apenas este hombre se fue a descansar a mí me empezaron unos cólicos tipo menstruales (Yo esperaba contracciones como un corrientazo como había leído en @babycenterlatino y en los tres libros de embarazo que devoré, así me las habían descrito en el curso prenatal), pensé que el médico tal vez había sido brusco conmigo, el cólico se comenzó a hacer más fuerte y era un dolor que no se me quitaba, me daban unas punzadas y luego volvía al estado original que era insportable.

a las 9.00 PM tenía programado un monitoreo, la sensación de esas correas apretando mi barriga me ahogaba, podía ver la cara de asombro de mi mamá (enfermera de maternidad en alguna época de su vida) y de mi esposo (médico de profesión) cada vez que el monitor marcaba la intensidad de una de las punzadas de dolor, se miraban pero no modulaban palabra (Después confesarian el pánico que sentían cuando veían que mi útero “relajado” marcaba la intensidad de una contracción normal y que en las punzadas, el monitor iba a explotar 😥 )

Gracias a Dios recordé respirar, para algo sirvió ser una ratona come libros, respiraba y estaba como en trance…Concentrarme en la respiración ayudaba a manejar el dolor…

En medio del monitoreo, hice pataleta, dije ¡no aguanto más!, Me quite las correas y le dije a la enfermera, “no sé qué vas a hacer conmigo, pero tengo mucho dolor”, 5 minutos después me dijeron “vamos al quirófano el doctor autorizó la epidural”.

Me paré de la cama y sentí como algo me quemaba por dentro, había leído acerca del anillo de fuego y la coronación del bebé, pero mi mente lógica dijo: “imposible, aún no es el momento”, también Sentí unas ganas locas de hacer Popis, todos se miraban aterrados, y decían: -“Ahora no puedes ” literal llevaba una hora de trabajo de parto.

Me llevaron en la silla de ruedas sola al quirófano, cuando me paré para pasarme a la camilla, rompí fuente, la enfermera de maternidad me dijo: – “señora para ponerle la epidural, debo hacerle un tacto” – “por favor déjame respirar que tengo una contracción”, cómo ya les expliqué el dolor no se me quitaba entonces estuve en mi trance respiratorio, acostada de medio lado no sé por cuánto tiempo, la voz de la enfermera me devolvió a la realidad -“Mamá, si quieres la epidural tienes que dejarte hacer el tacto” Me volteo , abro mis piernas y ella dice con cara de asombro -“No necesitas epidural, tu bebé está aquí, puedo ver su cabeza” Eran aprox las 9.20 pm, veo su cara de susto, coge un teléfono y dice: -“Urgente, suban materna en expulsivo” lo único que se me ocurrió hacer fue darme la bendición, mi bebé estaba listo para nacer y yo no me había dado cuenta. Le había preguntado a mi esposo médico, mil veces ¿y si no me alcanzan a poner la epidural? ” No pasa nada, eso es para los dolores de parto” yo seguía respirando, corren conmigo, me pasan a otra camilla, llega mi ginecólogo y le digo: – “¿Qué me hiciste? Me responde con una sonrisa -“Eso, pregúntaselo a tu esposo  “Entra mi esposo, con su ropa de cirugía, una cámara colgada al cuello y una sonrisa de oreja a oreja, él feliz y yo que me quiero morir, hermoso me dice: – “lo estás haciendo muy bien, ya casi nace nuestra bebé” yo sigo respirando y con ese dolor que me asfixia, pienso sino me ponen epidural alguna pastilla o gas debe servir (Ya saben, exceso de televisión), murmuro: -“Ponganme algo que me muero con este dolor” Entonces alguien dice “Raquídea”, bueno ni les cuento la odisea, imaginen a una persona con una barriga del tamaño de un globo, con un bebé entre sus piernas, con un dolor que hace dos horas no la deja ni mover, que se encorve para clavarle una aguja en la columna, creo que puse a sudar al pobre anestesiologo, pero valió la pena, pasé en 30 segundos del infierno del dolor al nirvana de no sentir nada…

Ok, ya estamos listos para pujar, me dicen -“Puja fuerte” solo soy consciente de que arrugo la cara y pienso en los mil programas de Discovery de partos que vi y mi esposo diciendo: -“¿ves cómo arruga la cara? Lo está haciendo mal porque hace fuerza en la cara y no en la pelvis, pensé para mí: “lo estoy haciendo fatal” y calla mi ruido de mental la voz del ginecólogo diciendo: “muy bien, lo estás haciendo muy bien” y de tres pujidos arrugando la cara a las 9.40 pm sale mi bebé…Grande, cálida, húmeda, frágil…La ponen en mi pecho y yo solo puedo llorar de emoción y decirle: “Bienvenida Luciana, te amamos, te estabamos esperando” y todo el dolor, la incertidumbre y el trance respiratorio se me olvidaron, en ese momento no lo sabía pero YO Acababa de nacer de nuevo.

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